martes, 21 de junio de 2011

Reflexiones sobre el concepto de salud: ¿Persiste la concepción naturalista de salud y enfermedad?

El pensamiento occidental está plenamente impregnado por la cultura griega clásica. Podría decirse, simplificando, que en la antigua Grecia bondad, belleza y salud eran términos inseparables. Para los griegos la salud es orden y la enfermedad desorden. Lo sano, lo bello y lo moralmente bueno coinciden con lo ajustado al orden de la naturaleza. En este contexto, la salud cabe entenderla, sobre todo, como una disposición natural, que puede desajustarse para entrar en otra situación de disposición antinatural, asimilable al concepto de enfermedad. Ya dentro de las enfermedades, el mundo clásico distinguía aquellas que acontecen “por azar” de aquellas otras que aparecen “por necesidad forzosa”. Las primeras, preternaturales, son accidentales y potencialmente curables. Las segundas son contranaturales e incurables, por lo que en este caso el médico sólo puede aliviar. Una consecuencia de este planteamiento era considerar que las enfermedades potencialmente curables obedecen a malos hábitos, son de carácter moral, y por tanto además de potencialmente curables son prevenibles desde el ejercicio de la moralidad de las costumbres. Por el contrario, las enfermedades contranaturales obedecen a causas imprevisibles, súbitas e incomprensibles. Son, en gran medida, de origen divino, es decir, enfermedades religiosas en lugar de morales. Para estos casos, la única posibilidad de curación era la de carácter milagroso.

Esta concepción naturalista de la salud y la enfermedad, que ha tenido su continuidad en el pensamiento cristiano, ha infiltrado decididamente nuestra cultura a lo largo de la historia. En gran medida, el pensamiento popular, y aún el de los médicos en tanto que ciudadanos de ese mismo pueblo, sigue entendiendo la enfermedad como un desorden generado por los malos hábitos del sujeto o, por el contrario, inducida por agentes externos ajenos a la voluntad del paciente. Realmente es muy tenue la diferencia entre esta postura y la de considerar directamente al enfermo como víctima de fuerzas incontroladas, o alternativamente como culpable moral de su mal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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LicIng dijo...

El esfuerzo básico que se requiere para llegar a estos estados tiene que ver con soltar las emociones negativas y cada vez más conscientes de nosotros mismos en el momento presente. Podemos practicar estas cosas cada día, pero a menudo encuentran que es muy difícil de lograr por un periodo prolongado de tiempo. Dejar ir de nuestro dolor, la ira, el miedo y la culpa son parte de lo que el esfuerzo espiritual tiene que ver, pero en realidad hacer estas cosas resulta ser mucho más difícil de lo que imaginamos. Viendo a nosotros mismos, observar nuestros pensamientos y llegar a entender mejor a nosotros mismos también son elementos importantes del esfuerzo espiritual. Yo estimulo a que se use un recurso de reprogramación consciente que ayuda y enseña a meditar, lo tengo porque me lo mandó mi padre desde Europa y realmente funciona, existe un vídeo que pueden encontrarlo en http://www.remediemos.com/salud12.htm ahí expresan dicha técnica que merece ser recomendada por su alta eficacia, espero dejar un buen aporte.